SONGFABLE · 2018

pete davidson

ARIANA GRANDE · 2018

TL;DR: Ariana Grande le puso el nombre completo de su novio a una canción de poco más de un minuto, cuando llevaban unas semanas juntos. Cinco meses después la relación había terminado, pero la canción ya era permanente: el documento sonoro más honesto que existe sobre lo que se siente enamorarse a toda velocidad después de sobrevivir a algo horrible.
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La canción más corta del disco es la más comprometedora

Hay canciones de amor que se escriben para durar. "pete davidson" se escribió para el martes.

Dura poco más de un minuto —es, por mucho, la pista más breve de Sweetener— y sin embargo carga con algo que ninguna balada épica se atreve a hacer: el nombre y el apellido de una persona real, viva, con Instagram, escritos en la portada trasera de un disco que iba a vender millones de copias. No una inicial. No un apodo. No una metáfora sobre un chico que se fue. El nombre completo de Pete Davidson, comediante de Saturday Night Live, veintitantos años, tatuado hasta el cuello.

Ariana Grande ha contado que la escribió antes de que hubiera anillo, cuando la relación tenía semanas de vida y todavía se llamaba, según ella, simplemente "Pete". Cuando llegó el compromiso —en junio de 2018, tras unas cuatro semanas de noviazgo— el título creció hasta el nombre completo. Es el equivalente musical de gritarlo desde el balcón.

Y aquí está lo brutal: en octubre de ese mismo año, la relación había terminado. El anillo se devolvió. El cerdito que habían adoptado juntos, Piggy Smallz, se quedó con ella. Los tatuajes se taparon o se convirtieron en otra cosa. Todo lo que se podía deshacer, se deshizo.

Todo, menos la canción.

Ese es el verdadero tema de "pete davidson", aunque nadie lo supiera cuando salió: es una fotografía tomada en el instante exacto de máxima felicidad, por alguien que no tenía forma de saber que era el pico. Y como está grabada, ya no se puede mover.

Dos personas que aprendieron lo mismo a la fuerza

Para entender por qué esta canción tiene tanto peso emocional a pesar de durar lo que un comercial largo, hay que entender de qué venía cada uno.

El 22 de mayo de 2017, una bomba explotó a la salida de un concierto de Ariana Grande en el Manchester Arena. Murieron veintidós personas, muchas de ellas adolescentes y niñas. Ella tenía 23 años. Lo que vino después fue un año de estrés postraumático documentado casi en tiempo real: ataques de pánico, terapia, el concierto benéfico One Love Manchester organizado en dos semanas, la sensación —que ella describió públicamente varias veces— de haber perdido el derecho a sentirse segura en un escenario, que era el único lugar donde siempre se había sentido segura.

Sweetener, publicado el 17 de agosto de 2018 y trabajado en buena parte con Pharrell Williams y con el equipo de Max Martin, fue su respuesta a eso. No un disco de duelo, sino un disco sobre el trabajo deliberado de endulzar lo amargo. El título lo dice todo: no se trata de que la vida se haya vuelto dulce, sino de que uno decide agregarle azúcar.

Pete Davidson traía su propia versión del mismo aprendizaje. Su padre, Scott Davidson, era bombero del cuerpo de Nueva York y murió en los atentados del 11 de septiembre de 2001. Pete tenía siete años. Creció convirtiendo eso en material de comedia, que es una forma particularmente valiente y particularmente peligrosa de procesar el dolor, y ha hablado abiertamente de su diagnóstico de trastorno límite de la personalidad y de su enfermedad de Crohn.

Dos personas cuyas biografías fueron interrumpidas por un acto de violencia pública, que se encontraron en 2018 y decidieron ir a máxima velocidad. Visto así, el noviazgo relámpago deja de parecer una locura de celebridades y empieza a parecer lo que probablemente era: dos sobrevivientes que ya sabían, en carne propia, que nadie tiene garantizado el mes que viene.

Hay un detalle que conecta bien con la forma en que se cuenta el amor en México y en América Latina. Aquí existe una tradición larguísima de canciones que llevan el nombre de la persona amada en el título: la serenata que se lleva con mariachi debajo de la ventana, el bolero que menciona a quién va dirigido, la costumbre de dedicar en la radio con nombre y apellido. Nombrar a alguien en público, en nuestra cultura, no es un detalle romántico menor: es un acto que compromete. Por eso las abuelas advertían que no anduvieras dedicando canciones a la ligera. Una serenata no se puede cancelar al día siguiente; ya la escuchó toda la cuadra.

"pete davidson" es exactamente eso, con presupuesto de disco global. Ariana llevó mariachi a la ventana del mundo entero. Y la cuadra —o sea, internet— tomó nota.

Lo que realmente dice ese minuto

Musicalmente, la canción casi no existe. Un colchón de teclas, un pulso suave, la voz de Ariana multiplicada en capas hasta convertirse en un coro de sí misma. Sin estribillo grandilocuente, sin subidón, sin puente. Suena a alguien tarareando en la cocina a las dos de la mañana, no a una producción de estudio con veinte personas opinando.

Lo que dice, contado con mis palabras y no con las suyas, es sorprendentemente sencillo. Ariana describe la incredulidad de estar con alguien que le parece demasiado bueno para ser verdad, y admite que no puede dejar de pensar en él ni siquiera cuando debería estar haciendo otra cosa. Habla de que este vínculo llegó rápido y de que aun así se siente sólido, como si el tiempo no fuera el criterio correcto para medirlo. Y —esto es clave para entender el tono— mete un guiño travieso, medio en broma, sobre la atracción física, del tipo que alimentó memes durante todo aquel verano y que convirtió el nombre de Pete Davidson en tema de conversación global durante semanas.

Ese guiño es lo que salva la canción de ser cursi. Ariana no la canta como una promesa solemne; la canta como quien le manda un mensaje de voz a una amiga, riéndose de su propia obsesión. Hay humor. Hay ligereza deliberada. Y ahí está la conexión secreta con el resto de Sweetener: después del año que había tenido, poder sentirse tonta por un chico era, literalmente, la victoria. La frivolidad era terapéutica.

Puesta en el contexto del álbum, la canción funciona como un respiro entre temas más pesados. Es el momento en que el disco deja de trabajar en sanar y simplemente disfruta. Casi se puede escuchar el alivio.

Y hay una lectura más incómoda que el tiempo hizo evidente. En mayo de 2018, poco antes de empezar con Pete, Ariana había terminado su relación de dos años con el rapero Mac Miller. El 7 de septiembre de ese año, apenas tres semanas después del lanzamiento de Sweetener, Mac Miller murió de una sobredosis a los 26 años. La canción quedó de pronto rodeada por un contexto que no tenía cuando se grabó. Ariana lo abordaría después, con una franqueza dolorosa, en "ghostin", del álbum siguiente: una canción sobre estar con una persona mientras lloras a otra.

Escuchar "pete davidson" sabiendo todo eso es una experiencia distinta a escucharla en agosto de 2018. Sigue siendo alegre. Pero ahora la alegría se ve frágil, como una foto de alguien sonriendo justo antes de una noticia.

Un año entero de vida amorosa, en dos discos

Pocas veces en la historia del pop se ha podido seguir el arco completo de una relación con esta precisión de calendario.

Agosto de 2018: sale Sweetener, con "pete davidson" adentro. El disco debuta en el número uno en Estados Unidos y después ganaría el Grammy al Mejor Álbum Vocal Pop.

Octubre de 2018: se rompe el compromiso.

Noviembre de 2018: sale "thank u, next", donde Ariana nombra a sus exes uno por uno —Pete incluido— y en vez de despedazarlos, les agradece por lo que le enseñaron. Es una de las decisiones más elegantes de su carrera y probablemente el momento en que dejó de ser una estrella del pop para volverse una narradora de su propia vida.

Febrero de 2019: sale el álbum thank u, next, con "ghostin" adentro.

En seis meses, el público vio la euforia, el derrumbe, el duelo y la reconstrucción, todo publicado por la misma persona, sin intermediarios de relaciones públicas suavizando el mensaje. Ese es el modelo de honestidad al que gran parte del pop actual todavía le debe algo: la idea de que un disco puede ser un diario con fecha, y que no pasa nada si el capítulo siguiente contradice al anterior.

Pete Davidson, por su parte, convirtió su experiencia en material de escenario y siguió siendo uno de los personajes más comentados de la cultura pop estadounidense. Ariana rehízo su vida, su carrera y su relación con la exposición pública. Ninguno de los dos ha hablado con crueldad del otro, algo notable considerando el nivel de escrutinio.

Y la canción sigue ahí. En cada plataforma, en cada copia física, en cada lista de reproducción de Sweetener. Se dice que Ariana la dejó fuera del repertorio de su gira, lo cual tiene todo el sentido del mundo. Pero nunca la quitó del disco, lo cual dice todavía más.

Por qué sigue resonando

Porque todos tenemos una versión de esa canción, aunque no la hayamos grabado.

La foto que no borraste. El nombre que sigue tatuado. La playlist que armaste para alguien que ya no está. El mensaje larguísimo que mandaste a las tres de la mañana cuando estabas seguro de que esa persona era la definitiva. Todos hemos hecho algo irreversible en un momento de felicidad total, y después hemos tenido que convivir con la evidencia.

"pete davidson" es la versión pública y millonaria de ese impulso universal, y por eso funciona incluso para quien no sigue a ninguno de los dos. La canción no envejeció mal. Envejeció distinto, que es otra cosa. Sigue siendo un minuto de alegría real; lo que cambió fue lo que sabemos nosotros al escucharla.

Hay algo profundamente latinoamericano en aceptar eso sin vergüenza. En una cultura donde el bolero enseñó que el amor y la pérdida son la misma canción con dos finales posibles, no resulta ridículo haber amado intensamente algo que duró poco. Al contrario: casi todas nuestras mejores canciones tratan de eso. Lo ridículo sería fingir que no pasó.

Y queda una pregunta que la canción deja abierta, aunque no se la haga en voz alta: ¿fue un error? Cinco meses de relación, un anillo carísimo, un cerdito, tatuajes, un departamento en Nueva York y una canción con nombre y apellido. Visto desde el resultado, un desastre. Visto desde adentro —desde una mujer de 25 años que un año antes había visto morir a su público y que por fin volvía a sentir algo que no fuera miedo— probablemente lo más sano que pudo hacer.

Eso es lo que "pete davidson" preserva para siempre: no una relación, sino el momento exacto en que alguien que la había pasado muy mal se permitió volver a apostar. Y esa apuesta, se gane o se pierda, siempre vale la pena escucharla.


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