SONGFABLE · 1978

One Way or Another

BLONDIE · 1978 · NUEVA YORK, USA

TL;DR: Suena como un himno coqueto de persecución amorosa, pero en realidad nació del miedo: Debbie Harry escribió la letra sobre un acosador real que la perseguía, y le dio la vuelta al guion para que la cazadora fuera ella.
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El gancho: la canción de la "presa" la escribió la víctima

Hay una ironía deliciosa y un poco escalofriante en el centro de "One Way or Another". Durante décadas, generaciones enteras la han cantado a todo pulmón como una declaración descarada de deseo: esa promesa juguetona de que "de una forma u otra, te voy a encontrar". Suena a coqueteo, a cacería romántica, a la chica más cool del bar diciéndote que no tienes escapatoria.

Pero la historia detrás es justo la contraria. Según ha contado la propia Debbie Harry en numerosas entrevistas, la letra se inspiró en un exnovio que, tras la ruptura, se convirtió en un acosador obsesivo que la perseguía. En vez de escribir una balada triste sobre el miedo, Harry hizo algo brillante y profundamente punk: tomó la energía de quien la acechaba y la convirtió en personaje propio. Le robó la voz al cazador y se la quedó ella. Por eso la canción tiene esa mezcla rara de adrenalina y amenaza que la hace tan pegadiza: no es solo seducción, es supervivencia transformada en actitud.

Esa inversión de roles es la clave para entender por qué "One Way or Another" sigue funcionando casi medio siglo después. No es una canción de amor. Es una canción de poder.

Trasfondo: Nueva York en llamas y una banda saliendo del CBGB

Para situarnos: estamos en la Nueva York de finales de los setenta, una ciudad al borde de la bancarrota, con barrios enteros en decadencia y una escena musical que hervía precisamente por esa precariedad. Del sótano sudoroso del CBGB en el Bowery salieron los Ramones, Television, Talking Heads y, por supuesto, Blondie. Era el caldo donde el punk neoyorquino y el new wave se cocinaban juntos.

Blondie se había formado a mediados de la década alrededor de Debbie Harry, una exmodelo y exmesera que había pasado por varios proyectos antes de encontrar su voz, y del guitarrista Chris Stein, su pareja sentimental y socio creativo. La banda tenía algo que muchos de sus colegas más austeros no tenían: glamour pop. Harry era una bomba visual, una rubia platino con cara de estrella de cine clásico y actitud de chica de la calle, y eso confundía a la crítica purista tanto como enamoraba al público.

"One Way or Another" apareció en Parallel Lines (1978), el tercer disco de la banda y el que lo cambió todo. Producido por el británico Mike Chapman —un tipo obsesivo con la perfección que reportadamente los hacía repetir tomas hasta la extenuación—, ese álbum fue el que pulió el caos punk de Blondie hasta convertirlo en oro pop. Del mismo disco salió "Heart of Glass", el éxito disco que los lanzó al estrellato mundial. "One Way or Another" fue otro de sus pilares, escrito por Harry junto al bajista Nigel Harrison.

Aquí hay un puente cultural curioso para el público mexicano y latinoamericano. Parallel Lines aterrizó justo cuando la música anglo empezaba a colarse con fuerza en las radios de la región a través de la new wave, ese sonido más limpio y bailable que el punk crudo. Para muchos chavos de la Ciudad de México, Guadalajara, Bogotá o Buenos Aires que crecieron a principios de los ochenta, Blondie fue una de las primeras bandas "raras pero pegajosas" que mezclaban actitud rebelde con melodías irresistibles. Esa misma fórmula —rebeldía con gancho pop— sería más tarde el ADN del rock en español que florecería en los ochenta. Sin saberlo, Blondie estaba escribiendo parte del manual.

El significado real: cazar para no ser cazada

Cuando uno escucha la letra con la historia del acoso en mente, todo se reordena. La canción está construida como una persecución incesante: una voz que promete que va a encontrar a su objetivo, que lo va a alcanzar, que conocerá sus rutinas, los lugares por donde pasa, las calles que camina. En la superficie eso suena a un coqueteo obsesivo, casi divertido.

Pero lo que Harry hizo fue ponerse en la piel del depredador para neutralizarlo. Al adoptar la voz del que persigue, le quita el poder al miedo. Es un truco psicológico antiquísimo: nombrar lo que te aterra para dejar de estar a su merced. La cantante describe los movimientos del acechador con tanto detalle que el oyente, sin querer, entiende lo agobiante que es ser vigilado así. Y al mismo tiempo, al cantarlo con sonrisa pícara y ritmo de fiesta, lo desactiva y lo ridiculiza.

Por eso la genialidad de la pieza no está en la letra aislada, sino en la actitud con que se entrega. La voz de Harry no suena asustada: suena divertida, peligrosa, en control. Es la respuesta de alguien que decidió no ser víctima del relato y reescribirlo como protagonista. En ese sentido, "One Way or Another" es uno de los primeros grandes ejemplos pop de lo que hoy llamaríamos "reclamar la narrativa". Una mujer agarró el guion de su propio acoso y lo convirtió en un éxito mundial que ella controla.

Conviene subrayar lo evidente para que no haya malentendidos: la canción no celebra el acoso. Hace lo opuesto. Lo desnuda al exhibir lo absurdo y agobiante de esa conducta, pero envuelto en una capa de ironía tan pulida que mucha gente nunca se dio cuenta del filo que esconde.

Contexto cultural y legado: del CBGB al carrusel pop

"One Way or Another" se convirtió en uno de esos temas que trascienden a su propia banda. Su riff de guitarra y su estructura de tensión creciente la volvieron carne de comerciales, películas, series y eventos deportivos. Es de las canciones que reconoces en los primeros tres segundos aunque no sepas de quién es.

El golpe más grande a su fama contemporánea llegó en 2013, cuando la boy band británica One Direction la versionó (mezclada con "Teenage Kicks" de The Undertones) como sencillo benéfico para Comic Relief, bajo el título "One Way or Another (Teenage Kicks)". De pronto, una canción nacida de un acoso real en el Bowery de los setenta era cantada por adolescentes de todo el planeta sin tener idea de su origen. Esa versión llegó al número uno en varios países y le presentó la melodía a una generación nueva, incluyendo a un montón de fans latinoamericanos que la conocieron primero en la voz de Harry Styles y compañía, no en la de Debbie Harry.

Hay algo poéticamente circular en eso. Una canción sobre ser perseguida terminó siendo perseguida ella misma —reciclada, reinterpretada, reapropiada— por la cultura pop durante décadas. Y cada vez que reaparece, casi nadie recuerda el miedo del que nació.

Para Blondie, el tema selló su estatus como una de las bandas que tendieron el puente entre el punk underground y el pop masivo. Cuando entraron al Salón de la Fama del Rock and Roll en 2006, ese cruce de caminos fue precisamente lo que se reconoció: la capacidad de hacer música peligrosa que cualquiera podía tararear.

Por qué sigue resonando hoy

Décadas después, "One Way or Another" no envejece, y no es solo por su gancho. Resuena porque su mensaje secreto es cada vez más urgente. En una época en la que las conversaciones sobre acoso, seguridad y el control de la propia historia están más vivas que nunca, una canción donde una mujer le da la vuelta al guion de su agresor se siente sorprendentemente moderna.

Hay también una lección de actitud que conecta con cualquier oyente. La pieza enseña que el tono lo es todo. Los mismos hechos —ser perseguida— pueden contarse como tragedia o como declaración de poder, y la diferencia está en quién sostiene el micrófono. Harry decidió sostenerlo ella, y por eso lo que pudo ser una herida se volvió un himno.

Para el oyente latinoamericano que hoy redescubre el catálogo de Blondie en plataformas de streaming —entre playlists de "clásicos new wave" o de "rolas de los ochenta"—, la canción ofrece dos placeres a la vez: la diversión inmediata de un tema bailable y perfecto, y la satisfacción más profunda de descubrir que esconde una historia con muchas más capas de las que aparenta. Es, en pocas palabras, una de esas canciones que se disfrutan a los quince años por el ritmo y se admiran a los cuarenta por la astucia. Pocas piezas pop logran las dos cosas.


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