SONGFABLE · 2021

Bad Habits

ED SHEERAN · 2021

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Bad Habits - Ed Sheeran (2021)

TL;DR: Detrás del ritmo discotequero más bailable de Ed Sheeran se esconde una confesión incómoda: la canción no celebra la fiesta, sino que retrata cómo los vicios que más daño nos hacen son justo los que más placer prometen a las dos de la mañana.

El gancho: una canción de fiesta que en realidad es una advertencia

Cuando "Bad Habits" sonó por primera vez en el verano de 2021, medio mundo asumió que se trataba de un himno hedonista, una invitación a perderse en la noche sin culpas. El bajo pulsante, el sintetizador brillante y ese estribillo pegajoso lo hacían sonar como la banda sonora perfecta para una pista de baile en Cancún o en Tulum. Pero ahí está el truco que pocos notaron a la primera: Ed Sheeran no está presumiendo de sus excesos. Los está lamentando.

La verdad sorprendente de la canción es que describe el momento exacto en que una persona se rinde ante aquello que sabe que le hace mal. Es esa hora de la madrugada en que las decisiones malas se sienten irresistiblemente buenas, cuando el placer inmediato vence cualquier promesa de portarse bien que uno se hizo en la mañana. Sheeran canta sobre los "malos hábitos" como una fuerza casi magnética: empiezan acompañado, terminan en soledad, y siempre dejan un rastro de arrepentimiento que solo dura hasta la próxima tentación. Es, en el fondo, una canción sobre la adicción disfrazada de tema para reventar.

Esa contradicción —música eufórica y letra sombría— es exactamente lo que la hace tan brillante y tan tramposa. Bailas sin darte cuenta de que estás cantando sobre tus propios demonios.

El contexto: el regreso de un Ed Sheeran reinventado

Para entender "Bad Habits" hay que recordar dónde estaba Ed Sheeran antes de soltarla. El pelirrojo de Yorkshire había construido un imperio a base de baladas acústicas, guitarra en mano y loop pedal, vendiendo millones con canciones como "Shape of You" o "Perfect". Pero después de su álbum de colaboraciones de 2019, se tomó un descanso largo. Se casó con Cherry Seaborn, su amor de la adolescencia, y en 2020 fueron padres de su primera hija. La pandemia lo obligó a frenar la maquinaria de giras interminables que lo había definido durante una década.

"Bad Habits" fue su carta de regreso en junio de 2021, y deliberadamente sonaba a otra cosa. Reportedly, Sheeran quiso alejarse del cliché del cantautor sensible con guitarra y meterse de lleno en el pop electrónico y bailable, con un coqueteo evidente hacia el synth-pop ochentero. La produjo junto a Fred again.. y Johnny McDaid, y el resultado fue una pista que podría haber salido de una discoteca, no de un café acústico.

El video también dio de qué hablar: Sheeran aparece caracterizado como una especie de vampiro de dientes afilados y traje brillante, deambulando por las calles vacías de una ciudad nocturna. La imagen del vampiro no era casualidad. Funcionaba como metáfora perfecta de la canción: los malos hábitos son criaturas que solo salen de noche y se alimentan de tu mejor versión.

Aquí vale plantar un gancho para el público mexicano y latinoamericano: esa estética de la noche que devora, del personaje que vive entre la euforia y la oscuridad, conecta directamente con toda una tradición cultural de la región donde la fiesta y la melancolía conviven sin contradicción. Desde las rancheras que celebran beber para olvidar hasta el reguetón que mezcla perreo con despecho, América Latina entiende perfectamente esa lógica donde uno baila justamente sobre la herida. "Bad Habits" llegó a un terreno ya fértil: en México, donde la cultura del "una más y nos vamos" es casi un género literario, la canción de Sheeran se sintió curiosamente familiar a pesar de venir de un inglés pelirrojo.

El significado profundo: la coreografía de la recaída

Si uno se sienta a desmenuzar lo que la canción realmente dice, sin quedarse en lo bailable, descubre un retrato psicológico bastante preciso de cómo funciona la tentación.

El protagonista describe un patrón que se repite: comienza la noche prometiéndose moderación, jurando que esta vez será distinto, que no caerá. Pero conforme avanzan las horas, esa promesa se va diluyendo. La canción captura ese punto de no retorno, ese instante en que uno deja de luchar y se entrega a lo que sabe que terminará mal. Sheeran insiste en que estos hábitos siempre lo llevan al mismo lugar: empieza rodeado de gente, de luces, de emoción, y acaba solo, vacío, mirando el amanecer con la resaca emocional de quien volvió a fallarse a sí mismo.

Lo más astuto de la letra es que nunca nombra explícitamente cuál es el vicio. Podría ser el alcohol, las drogas, una relación tóxica, o cualquier conducta autodestructiva. Esa ambigüedad es deliberada: la convierte en un espejo en el que cada quien proyecta su propio demonio. El que tiene problemas con la bebida escucha una cosa; el que no puede dejar de volver con un ex escucha otra; el adicto al trabajo o al teléfono también encuentra su reflejo. Sheeran describe la mecánica universal de la recaída sin atarse a un solo veneno.

Hay una frase recurrente en el discurso de la canción —parafraseando su sentido sin citarla— que apunta a que estos malos hábitos lo "obligan", como si no fueran una elección sino una fuerza externa. Es la voz clásica de quien justifica su recaída, de quien prefiere creer que el vicio lo arrastra en lugar de admitir que él mismo abre la puerta cada noche. Esa autoengaño tan humano es lo que da peso emocional a una canción que, en la superficie, parecía solo querer hacerte bailar.

El contexto cultural y el legado

"Bad Habits" se convirtió en un fenómeno comercial inmediato. Pasó semanas en lo más alto de las listas británicas —reportedly, fue número uno en el Reino Unido durante un tramo notablemente largo— y trepó a los primeros puestos en decenas de países, incluyendo buena parte de América Latina. Fue el sencillo principal de su álbum "=" (pronunciado "Equals"), un disco que Sheeran concibió alrededor de los grandes cambios de su vida adulta: el matrimonio, la paternidad, la pérdida de seres queridos y, justamente, la lucha contra sus propios excesos.

Lo interesante es cómo la canción dialogó con su momento histórico. Salió cuando el mundo empezaba a reabrir tras los confinamientos de la pandemia. Después de meses encerrados, la gente tenía un hambre voraz de noche, de pista de baile, de exceso. "Bad Habits" llegó como el permiso perfecto para volver a salir, pero con esa capa irónica de advertencia que casi nadie escuchó. Era la canción que ponías para celebrar el reencuentro con la fiesta, sin notar que te estaba contando lo que la fiesta puede hacerte.

En el plano cultural más amplio, el tema consolidó una transición importante en la carrera de Sheeran: demostró que podía abandonar la guitarra acústica y competir de tú a tú con los artistas más bailables del momento sin perder su identidad como narrador. También alimentó una polémica jurídica que persiguió a Sheeran en esos años —enfrentó varias demandas por supuesto plagio en otras canciones—, lo que lo convirtió en una figura que defendía públicamente la idea de que en el pop solo existen un puñado de progresiones y que parecerse no es robar.

Para el oyente latinoamericano, "Bad Habits" también funcionó como puerta de entrada a un Sheeran más rítmico, más cercano a las sonoridades que dominaban las playlists de la región. No es casualidad que poco después Sheeran se acercara abiertamente a la música latina, colaborando con artistas del género y mostrando su admiración por el reguetón y el pop urbano. "Bad Habits" fue, en cierto modo, el puente sonoro hacia ese territorio.

Por qué sigue resonando hoy

Años después de su lanzamiento, la canción no ha perdido vigencia, y la razón es sencilla: todos tenemos un mal hábito. No hace falta ser un vampiro de traje brillante deambulando por callejones nocturnos para entender de qué habla. Cualquiera que haya jurado "esta es la última vez" sabiendo que mentía, cualquiera que haya vuelto a algo —o a alguien— que le hacía daño, encuentra en este tema su propio retrato.

En la era de la sobreestimulación constante, donde el scroll infinito, las notificaciones y la gratificación inmediata diseñan nuestros días, la canción se lee casi como profética. Sheeran describió la dinámica de la dependencia mucho antes de que las conversaciones sobre adicciones digitales y dopamina se volvieran cotidianas. El "mal hábito" ya no necesita ser una sustancia; puede ser una pantalla, una relación, una rutina autodestructiva que sabemos tóxica pero repetimos en automático.

Hay también algo profundamente honesto en que una superestrella global cante sobre sus propias debilidades en lugar de presumir una vida impecable. En un mundo donde las redes sociales empujan a todos a mostrar solo su mejor cara, Sheeran eligió ponerle música bailable a su lado más oscuro y admitir, sin drama, que él también cae. Esa vulnerabilidad disfrazada de fiesta es lo que la mantiene viva.

Y luego está, claro, lo más obvio: suena increíble. Puedes desmenuzar todo el subtexto melancólico que quieras, pero al final del día el cuerpo se mueve solo cuando entra ese bajo. Quizás esa sea la lección más profunda de "Bad Habits": que las cosas que nos hacen mal casi siempre vienen envueltas en lo más irresistible. La canción no solo habla de eso. Es eso.


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