SONGFABLE · 1987

Another Part of Me

MICHAEL JACKSON · 1987

TL;DR: Detrás de su ritmo funky y su energía de estadio, "Another Part of Me" nació como el himno de una nave espacial de Disney: es Michael Jackson presentándose como un mensajero que llega desde muy lejos para recordarnos que todos formamos parte de una misma familia.
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La canción que llegó del espacio antes que del disco

Casi todo el mundo conoce "Another Part of Me" como una pista más de Bad, ese álbum monumental de 1987 que siguió al fenómeno de Thriller. Pero hay un dato que sorprende incluso a muchos fans: la canción no nació para el disco. Nació para una película de diecisiete minutos que se proyectaba en 3D dentro de los parques de Disney, con Michael vestido de capitán espacial, una tripulación de criaturas extrañas y una misión imposible: transformar un planeta gris y sometido en un lugar lleno de color, música y libertad.

Esa película se llamó Captain EO. La dirigió Francis Ford Coppola, el mismo de El Padrino, y la produjo George Lucas, el creador de Star Wars. Se estrenó en septiembre de 1986, casi un año antes de que Bad llegara a las tiendas. Así que cuando millones de personas escucharon "Another Part of Me" por primera vez, no lo hicieron en la radio ni en un tocadiscos, sino sentadas en una sala oscura de Disneyland o de Epcot, con gafas tridimensionales, mientras el asiento vibraba y el humo inundaba el escenario.

Esa es la clave para entenderla: no es una canción de amor romántico ni un tema de baile cualquiera. Es la declaración de un visitante que llega desde las estrellas con un mensaje urgente. Y ese visitante, en el fondo, es el propio Michael.

El hombre detrás del capitán

Para entender por qué Michael Jackson eligió presentarse como un viajero interestelar, hay que recordar dónde estaba su vida a mediados de los ochenta. Thriller (1982) se había convertido en el álbum más vendido de la historia. Michael era, probablemente, la persona más famosa del planeta. Y esa fama tenía un costo: vivía rodeado de cámaras, de rumores y de una sensación creciente de aislamiento. Se dice que en esos años se sentía más cómodo entre animales, niños y personajes de fantasía que entre adultos que lo miraban como un producto.

No es casualidad que se identificara con figuras como Peter Pan o E.T. De hecho, poco antes había narrado el audiolibro de E.T. el extraterrestre, y la idea de un ser bondadoso que llega de otro mundo y no termina de encajar en este parecía tocarle muy de cerca. Captain EO fue la oportunidad perfecta para llevar esa fantasía a la pantalla: un héroe que no conquista con armas sino con canciones y pasos de baile.

Michael escribió "Another Part of Me" él solo, y la coprodujo con Quincy Jones, su socio creativo de Off the Wall, Thriller y Bad. En el estudio participaron músicos de primer nivel y se utilizaron sintetizadores y cajas de ritmos que entonces eran la vanguardia. El resultado es un tema de funk electrónico, con un bajo sintetizado que parece latir como un motor, golpes de batería secos y metálicos, y una voz que alterna entre el canto suave y esos gritos, hipos y exclamaciones que eran la firma de Michael.

Cuando llegó el momento de armar el listado de Bad, había decenas de canciones compitiendo por un lugar. Según se cuenta, Michael grabó muchísimo material para ese disco y descartó temas que luego aparecerían en reediciones. "Another Part of Me" sobrevivió a ese filtro y quedó incluida en el álbum, ya con una vida previa en los parques de Disney.

Para los fans de México y América Latina hay un detalle que vale la pena recordar. La gira de Bad nunca llegó a nuestro país, y muchos se quedaron con las ganas. La revancha llegó en 1993, cuando Michael trajo el Dangerous World Tour al Estadio Azteca y, según los registros de la época, dio cinco conciertos multitudinarios en la Ciudad de México. Para una generación entera de mexicanos, ese fue el momento de ver en carne y hueso al "capitán" que hasta entonces solo conocían por videos, revistas y casetes copiados entre amigos.

Lo que realmente dice la canción

Si escuchas "Another Part of Me" sin prestar atención a la letra, podrías pensar que es solo un tema para bailar. Pero la narrativa es bastante clara cuando la sigues de cerca. El narrador anuncia que él y su gente han llegado, que vienen trayendo un mensaje y que ese mensaje es, básicamente, amor a gran escala. No es el amor de pareja de "The Way You Make Me Feel", sino algo más grande: una especie de transmisión colectiva, como si una nave emitiera una señal para despertar a todo un planeta.

La idea central del título es preciosa en su sencillez: el que llega no es un extraño. Es una parte de ti. El narrador insiste en que, aunque parezca venir de afuera, de lejos, de otro mundo, en realidad pertenece a la misma familia que quien lo escucha. Michael juega con la tensión entre ser diferente y ser igual. Él, que tantas veces fue tratado como un bicho raro por la prensa, le dice al público que no hay distancia real entre ellos.

Hay también un tono de urgencia. La canción habla de un tiempo que se acaba, de la necesidad de unirse ahora, de que el mundo está esperando algo. En el contexto de los ochenta, con la Guerra Fría todavía muy presente y el miedo nuclear flotando en el aire, ese llamado a la unidad tenía un peso concreto. No es casual que pocos años después Michael lanzara canciones como "Man in the Mirror", "Heal the World" o "Earth Song". "Another Part of Me" es, en cierto modo, la semilla temprana de esa etapa de mensajes humanitarios, pero envuelta en un traje de ciencia ficción y con mucho más groove.

Y está la dimensión personal. Muchos críticos han leído la canción como una pequeña confesión: Michael sabía que el mundo lo veía como alguien de otro planeta, y en lugar de pelear contra esa imagen, la abrazó y la convirtió en un puente. Si soy un extraterrestre, parece decir, entonces vengo en son de paz, y vengo a recordarte que somos lo mismo.

Del parque temático al estadio

Captain EO se convirtió en una atracción enorme. Se proyectó en Disneyland (California), en Epcot (Florida), en Tokyo Disneyland y, más tarde, en Disneyland París. Durante años, millones de visitantes salieron de esas salas con la canción pegada en la cabeza. La atracción se retiró a finales de los noventa, pero tras la muerte de Michael en 2009, Disney la recuperó en 2010 como homenaje, y miles de fans volvieron a hacer fila, algunos con lágrimas en los ojos, para ver al capitán una vez más.

Mientras tanto, la canción tuvo su propia carrera como sencillo. Fue lanzada en el verano de 1988 como uno de los muchos sencillos de Bad, un álbum que hizo historia al colocar cinco canciones consecutivas en el número uno del Billboard Hot 100. "Another Part of Me" no llegó a ese primer lugar en la lista general, donde se quedó cerca del top 10, pero sí alcanzó el número uno en la lista de R&B de Billboard, una señal de que el público negro estadounidense, que siempre fue el corazón de su base, la abrazó con fuerza.

El videoclip también rompió con lo que se esperaba de Michael. Después de minipelículas tan elaboradas como "Bad" o "Smooth Criminal", para este tema se optó por algo más directo: imágenes en vivo de la gira mundial de Bad, grabadas según se dice en conciertos europeos de 1988. Ver ese video es ver a Michael en su elemento natural: el escenario, la multitud, la banda tocando a todo volumen. Y tiene sentido. Una canción sobre conectar con un público enorme no necesitaba una historia inventada; le bastaba con mostrar esa conexión en tiempo real.

Durante la gira, el tema se convirtió en un momento fuerte del show. Su energía la hacía perfecta para levantar a un estadio entero, y su mensaje de unidad encajaba con la sensación de comunidad que se vivía en esos conciertos, donde personas de países, idiomas y edades distintas cantaban juntas.

Por qué sigue sonando hoy

Pasaron casi cuatro décadas y "Another Part of Me" tiene algo que la mantiene fresca. Parte de ello es el sonido: ese funk con sintetizadores que en su momento era futurista hoy suena retro de la mejor manera, y conecta con toda la ola de música que recupera la estética de los ochenta, desde el synthwave hasta artistas pop que imitan esos bajos y esas cajas de ritmo.

Pero lo que más resuena es el mensaje. Vivimos en una época de polarización, de muros digitales y de algoritmos que nos encierran con quienes piensan igual. Una canción que dice, en esencia, que el otro no es un extraño sino una parte de nosotros mismos, suena hoy casi más necesaria que en 1987. Y lo dice sin sermonear, sin solemnidad: lo dice bailando.

Además, el interés por la figura de Michael Jackson vive un nuevo momento. La película biográfica Michael, dirigida por Antoine Fuqua y protagonizada por su sobrino Jaafar Jackson, ha vuelto a poner su música en las conversaciones de nuevas generaciones que no lo vieron en vivo. Muchos jóvenes que llegan a su catálogo por los grandes éxitos terminan descubriendo joyas como esta, menos famosas que "Billie Jean" o "Thriller" pero igual de reveladoras sobre quién era él.

Para los fans latinoamericanos, que siempre vieron a Michael como una figura cercana a pesar de la distancia, la canción tiene un sabor especial. Habla de alguien que llega de lejos y que, aun así, se siente parte de la familia. Es exactamente lo que muchos sintieron cuando aquel hombre de calcetines blancos y sombrero aterrizó en el Azteca: un visitante de otro mundo que, por un par de horas, fue uno de los nuestros.


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