SONGFABLE · 1985

We Built This City

STARSHIP · 1985 · SAN FRANCISCO, USA

TL;DR: Aunque suena como un himno gozoso a las luces de la ciudad, "We Built This City" es en realidad una canción de protesta enojada: un lamento por una era en la que los políticos, los promotores inmobiliarios y la radio comercial estaban matando lentamente las salas de conciertos en vivo y la cultura musical de San Francisco.
Listen elsewhere

We couldn't link a Spotify track for this story. Try searching the title on song.link to find it on your preferred service.

El gancho: el himno más feliz que en realidad está furioso

Hay pocas canciones en la historia del pop que carguen con una contradicción tan deliciosa. "We Built This City" suena como pura euforia ochentera: sintetizadores brillantes, batería con eco gigante, un coro tan pegajoso que se incrusta en tu cerebro al primer escuchazo. Durante décadas, muchos la han bailado en bodas, fiestas y comerciales sin sospechar lo que de verdad están cantando. Y aquí viene la sorpresa: no es una celebración. Es una queja. Es, en su corazón, una canción de protesta.

La frase del título habla de una ciudad construida sobre el rock and roll, pero el verdadero tema es lo contrario: cómo esa ciudad estaba siendo desmantelada. Detrás del brillo se esconde la rabia de unos músicos veteranos que veían cómo los lugares donde tocaban música en vivo cerraban uno tras otro, mientras los intereses corporativos y los burócratas decidían qué sonaba en la radio y qué no. El contraste entre lo alegre del sonido y lo amargo del mensaje es justamente lo que la hace fascinante, y también lo que confundió a generaciones enteras.

Trasfondo: de Jefferson Airplane a una nave sin tripulación

Para entender esta canción hay que entender la increíble odisea de la banda que la grabó. Starship no nació de la nada. Era el último mutante de una de las bandas más legendarias de la era hippie: Jefferson Airplane, los gigantes psicodélicos de San Francisco que en los años sesenta tocaron en Woodstock y en Monterey, y que dieron al mundo himnos contraculturales como "Somebody to Love" y "White Rabbit", con la voz inconfundible de Grace Slick.

Con los años, Jefferson Airplane se transformó en Jefferson Starship, y luego, tras disputas legales por el nombre, simplemente en Starship. Para 1985, de aquella nave original quedaba poco más que Grace Slick. La banda se había vuelto, según muchos críticos, una máquina de hacer éxitos pulidos para la radio, lejísimos del espíritu rebelde de sus orígenes. Y ahí está la ironía más jugosa de todas: una canción que lamenta la corporatización de la música fue grabada por una banda que era, para muchos, el ejemplo perfecto de esa misma corporatización.

La canción tiene varios autores, y aquí aparece un dato curioso. La escribieron, entre otros, Bernie Taupin —el legendario letrista de Elton John— y Martin Page, junto con Dennis Lambert y Peter Wolf (no el de J. Geils Band, sino un productor y tecladista austriaco). Se dice que Taupin escribió la letra inspirado originalmente en la escena musical de Los Ángeles y en la frustración por el cierre de clubes en el Sunset Strip, donde las autoridades reprimían los conciertos. Cuando la canción acabó en manos de Starship, esa frustración se reubicó simbólicamente en San Francisco, la ciudad de la banda.

Para el público mexicano y latinoamericano, hay un puente cultural que vale la pena tender aquí: la generación que creció con la radio FM y MTV Latino a mediados de los ochenta vivió exactamente este momento. Era la época en que el rock en español empezaba a pelear su espacio frente a la programación importada, cuando bandas y movidas locales —desde el rock urbano del Tianguis del Chopo en la Ciudad de México hasta la naciente escena de Soda Stereo en el Cono Sur— libraban su propia batalla por sobrevivir frente a una industria que prefería lo seguro y lo comercial. La tensión entre la música viva, hecha en garajes y foros pequeños, y la maquinaria que solo quería vender, era un drama compartido a ambos lados del continente.

El significado profundo: una elegía disfrazada de fiesta

Si uno escucha con atención, más allá de la melodía contagiosa, el mensaje de la canción es una protesta nostálgica. La letra describe un paisaje urbano donde la música en vivo —el corazón palpitante que dio identidad a la ciudad— está siendo silenciada. Hay una sensación de pérdida: los lugares donde la gente se reunía a tocar y escuchar bandas se están apagando, y en su lugar quedan reglas, permisos negados y decisiones tomadas en oficinas.

La canción apunta sus dardos contra varios villanos. Por un lado, los intereses corporativos y los promotores que veían la cultura solo como negocio. Por otro, de manera más velada, la propia radio comercial: ese mecanismo que decidía qué música merecía ser escuchada por las masas y qué quedaba relegado al olvido. De hecho, una de las decisiones más comentadas de la canción fue incluir, en algunas versiones de radio, un fragmento hablado que imita a un locutor de estación, reforzando la idea de que la radio se había convertido en una especie de portero arbitrario de la cultura.

El mensaje central, parafraseado sin citar una sola línea, es algo así: esta ciudad le debe su alma a la música que se hizo en ella, y ahora esa misma alma está siendo traicionada por quienes deberían protegerla. Es un grito de "no olviden de dónde venimos" lanzado, paradójicamente, con el envoltorio sonoro más comercial imaginable. Esa contradicción no fue del todo intencional, pero terminó convirtiéndose en la firma de la canción.

Contexto cultural y legado: el éxito que todos aman odiar

Comercialmente, "We Built This City" fue un triunfo rotundo. Alcanzó el número uno en la lista Billboard Hot 100 a fines de 1985, dándole a Starship su primer gran golpe bajo ese nuevo nombre. El video, lleno de imágenes coloridas y rostros gigantes superpuestos sobre paisajes urbanos, se convirtió en material constante de MTV, exactamente en el momento en que el canal definía el gusto de toda una generación global, incluida la juventud latinoamericana que sintonizaba sus versiones regionales.

Pero el legado de la canción tomó un giro extrañísimo con los años. En lugar de envejecer como un clásico respetado, se transformó en blanco favorito de las burlas. A comienzos de los 2000, varias revistas y encuestas la coronaron repetidamente como "la peor canción de todos los tiempos" o "la peor canción de los ochenta". Críticos la usaban como sinónimo del exceso plástico y vacío de la era. La revista Rolling Stone, entre otras, contribuyó a sellar esa reputación.

Y aquí está lo poético del asunto: una canción que protestaba contra la corporatización de la música terminó siendo recordada como el símbolo mismo de esa corporatización. Es difícil imaginar una ironía más completa. Reportedly, varios de los músicos y autores involucrados han tenido sentimientos encontrados al respecto durante años: orgullo por el éxito masivo, incomodidad por cómo la canción fue interpretada y luego ridiculizada.

Sin embargo, conviene defenderla un poco. Buena parte del odio hacia "We Built This City" tiene que ver con su producción exageradamente ochentera —esos sintetizadores y esa batería procesada que hoy suenan datados— más que con su composición o su intención. Si uno se despoja del prejuicio y escucha la canción como lo que realmente es, una protesta envuelta en pop reluciente, se vuelve mucho más interesante y hasta conmovedora.

Por qué sigue resonando hoy

Décadas después, la pelea que describe la canción no solo no terminó, sino que se reinventó. Hoy las salas de conciertos pequeñas siguen cerrando en ciudades de todo el mundo, ahora presionadas por la gentrificación, las rentas imposibles y, más recientemente, por las secuelas de la pandemia. En la Ciudad de México, en Buenos Aires, en Bogotá o en Santiago, músicos independientes enfrentan la misma lucha de fondo: cómo mantener vivos los espacios donde la cultura sucede de verdad, cara a cara, frente a fuerzas económicas mucho más grandes que ellos.

Y la otra mitad del mensaje también se actualizó. Si en 1985 el villano era la radio comercial que filtraba qué se escuchaba, hoy el debate gira en torno a los algoritmos de las plataformas de streaming, que deciden qué canciones flotan a la superficie y cuáles se hunden en el olvido digital. La pregunta que late bajo la canción —¿quién controla el acceso a la música y a costa de qué?— es, si acaso, más urgente ahora que entonces.

Por eso vale la pena rescatar "We Built This City" de la pila de chistes fáciles. Es, en el fondo, una canción sobre la memoria, sobre no dejar que se borre la historia cultural de un lugar, sobre defender los espacios donde la gente común crea y comparte. Que ese mensaje viaje escondido dentro del coro más pegadizo y, para algunos, más irritante de la década, no le quita valor: se lo añade. Es una cápsula del tiempo perfecta de una época que celebraba y traicionaba sus propios ideales en la misma respiración. Y eso, lejos de ser la peor canción de todos los tiempos, la convierte en una de las más curiosamente honestas.


Cómo profundizar más

🎧 Sumérgete en el sonido

📚 Sigue la historia

🌍 Visita los lugares

🎸 Vívelo tú mismo


🎵 Escucha esta canción

🤖 Pregúntame más:

Tags
80s