SONGFABLE · 2005

Chicago

SUFJAN STEVENS · 2005 · CHICAGO, USA

TL;DR: Aunque se llama "Chicago", la canción casi no habla de la ciudad: es el relato de un joven que huye en una camioneta rumbo a Nueva York, cargando sus errores, y descubre que el movimiento mismo puede ser una forma de perdón.
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Una canción sobre irse, disfrazada de postal

Hay canciones que llevan el nombre de una ciudad y funcionan como tarjetas postales: rascacielos, luces, nostalgia de barrio. "Chicago" de Sufjan Stevens no es una de ellas. Quien llegue esperando una oda al lago Michigan, a los trenes elevados o a los inviernos que cortan la cara se va a encontrar con algo mucho más íntimo y extraño: la historia de alguien que se está yendo. Chicago aparece casi como una estación de paso, un punto de partida en un mapa emocional que termina en Nueva York y, sobre todo, en una especie de paz interior que el narrador todavía no sabe nombrar.

Esa es la sorpresa central. Una de las canciones más queridas del indie estadounidense de los años 2000, incluida en un disco dedicado por completo al estado de Illinois, es en el fondo una canción sobre abandonar el lugar que le da título. Y precisamente por eso conmueve a tanta gente que jamás ha pisado el Medio Oeste: todos hemos tenido nuestra propia camioneta, nuestro propio viaje de huida, nuestra lista de equivocaciones que pensábamos dejar atrás en la carretera.

Musicalmente, además, la canción es un torbellino. Arranca con cuerdas que parecen subir una escalera infinita, se suman trompetas, un coro casi de iglesia, un piano que no deja de empujar hacia adelante. Es un himno, pero un himno nervioso, como si la música misma tuviera prisa por llegar a algún lado. Esa tensión entre lo grandioso y lo frágil es la firma de Sufjan Stevens, y aquí alcanza uno de sus puntos más altos.

El chico de Detroit que quería cantarle a cincuenta estados

Sufjan Stevens nació en 1975 en Detroit, Michigan, y creció en una familia complicada, con mudanzas, separaciones y una relación con su madre biológica, Carrie, que años después inspiraría su disco más devastador, "Carrie & Lowell" (2015). Su nombre, de origen persa, se lo dio una comunidad religiosa a la que sus padres pertenecían en aquella época. Desde joven tocó el oboe, el banjo, el piano y prácticamente cualquier instrumento que se le cruzara, algo que se nota en la orquesta casera que arma en cada grabación.

A principios de los 2000 vivía en Brooklyn, trabajaba en diseño gráfico y publicaba discos en su pequeño sello, Asthmatic Kitty, fundado junto a su padrastro. En 2003 lanzó "Michigan", un álbum dedicado a su estado natal, y anunció con toda seriedad algo que sonaba a locura: pensaba grabar un disco para cada uno de los cincuenta estados de Estados Unidos. La prensa musical se enamoró de la idea. Dos años después llegó el segundo capítulo, "Illinois" (también conocido como "Come On Feel the Illinoise"), y con él la confirmación de que aquel proyecto absurdo tenía detrás a un compositor extraordinario.

"Illinois" es un disco gigantesco: más de veinte pistas, títulos larguísimos, referencias a asesinos en serie, a ovnis, a Abraham Lincoln, a la Exposición Universal de 1893, a pueblos diminutos y a figuras como el poeta Carl Sandburg. En medio de esa enciclopedia musical, "Chicago" brilla como el momento en que el disco deja de ser un libro de historia y se vuelve confesión personal. Se dice que Stevens investigó el estado con libros, mapas y viajes, pero que esta canción en particular nació de un recuerdo propio: un viaje por carretera con amigos, en una camioneta, rumbo a Nueva York, en una etapa en la que no tenía muy claro quién era ni hacia dónde iba.

Aquí hay un gancho que el público mexicano y latinoamericano puede reconocer de inmediato. Chicago es una de las ciudades con mayor población de origen mexicano fuera de México. Barrios como Pilsen y La Villita (Little Village) son, desde hace décadas, territorio de murales, panaderías, mercados y fiestas patrias, y en Pilsen se encuentra el Museo Nacional de Arte Mexicano, uno de los espacios culturales latinos más importantes de Estados Unidos. Para miles de familias, Chicago también fue una estación de llegada o de partida, un lugar al que se fue con una maleta llena de errores, deudas, esperanzas y promesas. La canción de Sufjan no habla de migración en ese sentido, pero su sensación de estar en camino, de buscar una nueva vida en otra ciudad, resuena de forma muy natural con esa historia compartida.

Años más tarde, el propio Stevens admitió que el proyecto de los cincuenta estados había sido, en buena medida, una broma promocional. Nunca llegó a grabar un tercer disco estatal completo. Pero eso no le quita nada a "Illinois": al contrario, convierte al álbum en un monumento único, una catedral construida por alguien que quizá nunca pensó en terminar la ciudad entera.

Lo que realmente dice la canción

Si se describe la letra en términos simples, "Chicago" es un relato en primera persona. El narrador cuenta que se fue a Chicago, luego a Nueva York, que viajó en una camioneta con sus amigos, que durmió donde pudo, que cometió muchos errores. Hasta ahí, podría ser la crónica de cualquier viaje de juventud. Lo interesante está en cómo lo cuenta.

Primero, la confesión de los errores aparece una y otra vez, casi como una oración repetida. No hay detalles concretos: no sabemos qué hizo mal, a quién lastimó, qué dejó pendiente. Esa vaguedad es deliberada. Funciona como un espejo en el que cada oyente coloca sus propias equivocaciones. Es una canción de culpa, sí, pero de una culpa que no se regodea en sí misma, sino que se dice en voz alta para poder soltarla.

Segundo, el viaje no es solo geográfico. El narrador habla de haber ido a la ciudad buscando un motivo, una razón para seguir, algo que diera sentido a su vida. Hay un trasfondo espiritual muy típico de Stevens, cuya fe cristiana atraviesa buena parte de su obra sin volverse nunca sermón. En "Chicago", ese anhelo se siente como una búsqueda de redención: alguien que necesita creer que todavía hay lugar para empezar de nuevo.

Tercero, y quizá lo más famoso, está la idea de que todo se mueve, de que todas las cosas avanzan y pasan. El estribillo convierte esa intuición en un mantra luminoso: nada se queda quieto, ni el dolor ni la vergüenza ni la persona que fuimos. Es una frase sencilla que en manos de Stevens suena a liberación. El narrador no resuelve sus problemas; simplemente entiende que el tiempo y el camino los van transformando.

Hay también una línea en la que el protagonista se imagina cayendo enamorado o siendo amado de nuevo, y otra en la que pide que lo perdonen o se reconoce necesitado de ayuda. Algunos oyentes han leído en esos momentos un subtexto amoroso entre el narrador y alguien que lo acompaña en el viaje, una lectura que ganó fuerza con los años, sobre todo después de que Stevens hablara abiertamente de su vida personal y de su pareja. Él nunca ha explicado la canción línea por línea, y probablemente esa ambigüedad sea parte de su encanto.

Lo que queda claro es la arquitectura emocional: empieza con huida, sigue con confesión y termina con algo parecido a la esperanza. Y la música acompaña ese recorrido como si fuera la propia carretera, acelerando, abriéndose, llenándose de voces hasta que parece que toda una comunidad canta con el narrador.

Un himno que viajó mucho más lejos que la camioneta

Cuando salió "Illinois" en 2005, la crítica lo recibió como uno de los grandes discos del año, y con el tiempo varias publicaciones lo han colocado entre los mejores álbumes de la década. "Chicago" se volvió rápidamente su carta de presentación: la canción que se compartía en blogs, en mixtapes caseros, en las primeras listas de reproducción digitales.

El salto definitivo llegó en 2006, cuando apareció en la película "Little Miss Sunshine". Para quien la vio, la combinación resulta perfecta: una familia disfuncional que atraviesa el país en una camioneta amarilla destartalada, con todos sus errores a cuestas, rumbo a un concurso de belleza infantil. La canción y la película parecían hechas la una para la otra. Muchísima gente en América Latina conoció a Sufjan Stevens gracias a esa escena, aunque no supiera ni pronunciar su nombre.

Ese mismo año, Stevens publicó "The Avalanche", un disco de "sobras" de las sesiones de "Illinois" que incluía no una, sino varias versiones alternativas de "Chicago": una acústica, otra con un tono deliberadamente de música ligera para adultos y otra más experimental, con un título que jugaba con la idea de tener múltiples personalidades. Que un artista sienta la necesidad de reinterpretar la misma canción tantas veces dice mucho de lo que significaba para él. Era como si no terminara de agotar todo lo que tenía dentro.

En la década siguiente, la influencia de "Chicago" se extendió por todo el indie folk y el pop orquestal. Bandas que combinaban banjos, metales, coros y letras confesionales le deben algo a esta canción. Y en 2024, el universo de "Illinois" dio un salto inesperado: el coreógrafo Justin Peck lo convirtió en "Illinoise", un espectáculo de danza y teatro musical que llegó a Broadway y obtuvo reconocimiento en los premios Tony por su coreografía. Ver "Chicago" convertida en movimiento corporal, con bailarines que parecen huir y reencontrarse en el escenario, confirmó que la canción tenía una vida propia, capaz de cambiar de forma sin perder su esencia.

Por qué todavía nos rompe y nos levanta

Casi dos décadas después, "Chicago" sigue sonando en bodas, despedidas, graduaciones, viajes por carretera y noches de insomnio. Su secreto es que habla de algo universal sin caer en lugares comunes: la sensación de haberse equivocado mucho y, aun así, querer seguir adelante.

Vivimos en una época en la que mudarse de ciudad, de país o de vida es cada vez más común. Muchos jóvenes en México, Colombia, Argentina o Chile han vivido su propia versión de este viaje: salir de casa con poco dinero, dormir en sillones de amigos, buscar trabajo en una capital ajena, preguntarse si valió la pena. La canción no promete que todo saldrá bien, pero ofrece algo más honesto: la idea de que el movimiento mismo ya es un comienzo.

Además, la historia personal de Sufjan Stevens ha vuelto la canción todavía más conmovedora. En 2023 enfrentó una enfermedad grave, el síndrome de Guillain-Barré, que lo obligó a reaprender a caminar, y ese mismo año publicó "Javelin", dedicado a la memoria de su pareja, Evans Richardson, que había muerto poco antes. Volver a escuchar "Chicago" sabiendo todo esto produce un efecto curioso: aquel muchacho que confesaba sus errores en una camioneta se convirtió en un hombre que atravesó pérdidas enormes y siguió creando. La idea de que todo pasa y todo cambia suena ahora a sabiduría ganada a pulso.

Y quizá por eso la canción funciona como una especie de amuleto. Uno la pone cuando necesita recordar que nadie es solo la suma de sus fallas, que siempre hay otra ciudad, otra carretera, otra oportunidad de empezar.


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