SONGFABLE · 2010

Bloodbuzz Ohio

THE NATIONAL · 2010 · CINCINNATI, OHIO, USA

TL;DR: "Bloodbuzz Ohio" no es una postal nostálgica del lugar de origen: es la confesión de un hombre que vuelve a casa medio borracho, endeudado y sin saber si pertenece todavía al sitio que lo formó. Es una canción sobre la crisis de 2008 contada desde adentro del pecho, no desde los noticieros.
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Una canción de regreso que no sabe cómo regresar

Hay canciones que celebran el pueblo natal con banderitas y nostalgia dorada. "Bloodbuzz Ohio" hace exactamente lo contrario. Suena majestuosa, casi como un himno, con una batería que avanza como un tren de carga y unos metales que parecen anunciar algo heroico. Pero si uno se detiene a escuchar lo que dice Matt Berninger con esa voz de barítono grave, cansada y a la vez tierna, descubre que el protagonista no vuelve triunfante. Vuelve flotando, aturdido por el vino, con deudas pendientes y la sospecha de que nadie lo está esperando.

Esa es la sorpresa central: una de las canciones más grandes y emotivas del rock independiente de los años dos mil diez es, en el fondo, el retrato de un hombre que no termina de llegar. El título mismo lo dice a medias. Según contó Berninger en varias entrevistas, la palabra "bloodbuzz" alude a esa sensación tibia que sube por la sangre después de unas copas, ese zumbido que hace que todo parezca más soportable de lo que es. Ohio es el destino, pero el verdadero lugar de la canción es ese estado intermedio entre la lucidez y la evasión.

De Cincinnati a Brooklyn: una banda que se fue para poder entenderse

The National nació en Cincinnati, Ohio, aunque se formó realmente en Brooklyn a finales de los noventa. Sus integrantes forman una curiosa arquitectura familiar: dos pares de hermanos, los gemelos Aaron y Bryce Dessner por un lado y Scott y Bryan Devendorf por el otro, más Matt Berninger como voz y letrista. Todos crecieron en el sur de Ohio, en ese Medio Oeste de suburbios, iglesias, centros comerciales y fábricas que poco a poco fueron cerrando. Todos, en algún momento, hicieron las maletas rumbo a Nueva York.

Durante años la banda fue un secreto bien guardado. Discos como "Alligator" (2005) y sobre todo "Boxer" (2007) les ganaron una base de seguidores devotos y el respeto de la crítica, pero no eran precisamente estrellas. Berninger había trabajado en diseño gráfico y publicidad antes de dedicarse por completo a la música, y en sus letras siempre había algo del oficinista que mira por la ventana preguntándose qué hizo con su vida. Se dice que muchas de sus letras las escribe en colaboración con su esposa, la periodista y editora Carin Besser, que aporta frases, imágenes y correcciones.

En 2008, la banda tuvo un momento político inesperado. Su canción "Fake Empire", del disco "Boxer", se usó en la campaña presidencial de Barack Obama, y el grupo se volvió cercano a ese movimiento. Ohio, su estado natal, es uno de los famosos estados bisagra que deciden elecciones en Estados Unidos, y la banda llegó a tocar en actos de campaña allí. Esa tensión entre el lugar de origen y la identidad política se filtra en todo lo que vino después.

"High Violet", el disco que contiene "Bloodbuzz Ohio", se grabó principalmente en un estudio casero que Aaron Dessner había montado en el garaje de su casa en Brooklyn. Según los relatos de la época, el proceso fue largo, obsesivo y lleno de dudas: la banda rehacía las canciones una y otra vez, cambiaba arreglos, probaba texturas. "Bloodbuzz Ohio" fue elegida como primer sencillo y salió en la primavera de 2010, semanas antes del álbum, publicado por el sello británico 4AD. Fue la carta de presentación de una banda que estaba a punto de dejar de ser de culto.

Para el lector mexicano y latinoamericano hay un puente evidente. La crisis financiera de 2008, que sacudió a Estados Unidos y dejó a miles de familias del Medio Oeste con hipotecas impagables, tiene un eco muy familiar en nuestra región. Quien vivió el "error de diciembre" de 1994, el famoso efecto tequila, o las devaluaciones que vaciaron ahorros en Argentina, Venezuela o el propio México, conoce bien esa mezcla de vergüenza, deuda y resignación que la canción respira. "Bloodbuzz Ohio" no habla de Wall Street; habla de lo que la crisis le hace a una persona común cuando vuelve a la casa de sus padres y ya no sabe quién es.

Lo que realmente dice la canción

La letra de "Bloodbuzz Ohio" funciona por imágenes sueltas, casi como un sueño febril, y no por una narrativa lineal. El protagonista describe que va de regreso a Ohio, pero no de una manera normal: se siente llevado, arrastrado, como si una fuerza externa lo transportara. Una de las imágenes más comentadas es la de un enjambre de abejas que lo carga en el aire. Es una figura extraña y hermosa: algo que zumba, que tiene vida propia, que lo eleva y lo amenaza a la vez. Es el zumbido del alcohol, pero también el de la memoria y el de la ansiedad.

Luego aparece el dinero. El narrador admite, casi de pasada, que sigue debiéndole dinero a quien le prestó en su momento, y menciona que el banco y la casa ya no son suyos. No hay drama explícito ni denuncia política directa; hay una constatación seca, como quien comenta el clima. Esa frialdad es lo que la vuelve devastadora. En plena resaca de la crisis hipotecaria, la canción captura la sensación de que el propio hogar se volvió una cuenta pendiente.

También hay una dimensión política sutil. En una parte de la canción, el protagonista se refiere a que nunca se casó con el partido político de su estado, una forma de decir que siempre se sintió ajeno a la cultura dominante de su tierra. Es el hijo que se fue a la gran ciudad, que piensa distinto, que ya no encaja en las cenas familiares, y que aun así siente que su corazón sigue allí, atrapado. Berninger ha dicho en entrevistas que la canción trata, en buena medida, de esa culpa y esa ambivalencia hacia el lugar del que vienes.

Y está el amor, o la búsqueda de él. El narrador parece regresar en parte por alguien, o al menos por la idea de alguien, una persona o un recuerdo que todavía lo llama. Pero nunca queda claro si lo encontrará. La canción termina sin resolución: no hay llegada, no hay abrazo, no hay perdón. Solo el zumbido que sigue.

Musicalmente, todo esto se sostiene sobre la batería de Bryan Devendorf, que muchos fans consideran el corazón secreto de The National. Su patrón es incansable, repetitivo, casi mecánico, como el traqueteo de un autobús nocturno por la carretera interestatal. Encima, las guitarras de los Dessner tejen capas que crecen sin explotar del todo, y los metales le dan un aire solemne, como de procesión. Es una canción que siempre parece a punto de estallar y que elige, con enorme control, no hacerlo. Ese contenerse es exactamente la emoción del protagonista.

El momento en que The National dejó de ser un secreto

"High Violet" debutó en los primeros puestos de las listas en Estados Unidos, algo impensable para una banda que años antes tocaba en bares semivacíos. "Bloodbuzz Ohio" se convirtió en uno de los grandes himnos del indie de esa década, aparecía en listas de fin de año de medios como Pitchfork y se volvió obligatoria en sus conciertos. A partir de ahí, la banda pasó a llenar arenas y a encabezar festivales en todo el mundo.

El videoclip oficial, que según se ha reportado fue dirigido por Sophia Peer, apuesta por una estética íntima y algo melancólica, sin grandes efectos, en sintonía con la canción. Pero el verdadero legado de "Bloodbuzz Ohio" está en vivo. En los conciertos, la canción suele provocar un coro masivo, y es habitual ver a Berninger bajarse del escenario, caminar entre el público con el cable del micrófono enredándose entre la gente, cantando con una mezcla de euforia y desesperación. Ese gesto, el de un hombre que se lanza literalmente hacia la multitud, es la traducción física de la canción: alguien que busca pertenecer.

La banda también ha tenido una relación cercana con el público latinoamericano. Se dice que sus presentaciones en festivales como el Corona Capital de la Ciudad de México han sido recibidas con una intensidad que sorprendió a los propios músicos, con miles de personas cantando en inglés letras que hablan de suburbios de Ohio que la mayoría nunca ha pisado. Eso dice mucho: la geografía es específica, pero el sentimiento es universal.

Con los años, los integrantes de The National se volvieron figuras centrales de la música contemporánea más allá de su propia banda. Aaron Dessner, por ejemplo, terminó coproduciendo los discos "folklore" y "evermore" de Taylor Swift, lo que llevó a muchos jóvenes fans a descubrir de dónde venía ese sonido sombrío y elegante. Para varios de ellos, "Bloodbuzz Ohio" fue la puerta de entrada al catálogo del grupo.

Por qué sigue doliendo, y por qué sigue gustando

Han pasado más de quince años y "Bloodbuzz Ohio" no ha envejecido. Quizá porque la experiencia que describe se ha vuelto todavía más común. Una generación entera ha tenido que migrar, a otra ciudad o a otro país, buscando trabajo, oportunidades o simplemente un lugar donde respirar. Y casi todos conocen esa sensación al regresar en vacaciones: la casa de los padres que se ve más pequeña, las calles que cambiaron, los amigos que ya tienen otra vida, y uno mismo convertido en una especie de visitante en su propia historia.

Para el público mexicano, que conoce de cerca la migración hacia el norte, el ir y venir entre dos mundos y la nostalgia por un pueblo que quizá ya no existe como uno lo recuerda, la canción tiene una resonancia inesperada. No hace falta haber nacido en Ohio para sentir que el corazón se quedó en un lugar al que ya no se puede volver del todo.

También sigue funcionando porque es honesta sobre el escape. El protagonista no es un héroe; bebe para soportar el viaje, carga deudas, evita mirar de frente lo que siente. En una época de redes sociales donde todo el mundo presenta su mejor versión, una canción que admite esa fragilidad sin pedir disculpas se siente como un respiro. Es una canción para manejar de noche, para escuchar con audífonos en el camión de regreso, para cantar a todo pulmón en un concierto mientras uno piensa en su propia casa lejana.

Y, por último, sigue gustando porque es una contradicción perfecta: suena enorme y habla de sentirse pequeño. Esa tensión entre la grandeza del sonido y la vulnerabilidad del mensaje es el gran truco de The National, y "Bloodbuzz Ohio" es probablemente su ejemplo más logrado.


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