SONGFABLE · 2016

Ultralight Beam

KANYE WEST · 2016

TL;DR: Detrás de su fama de provocador, Kanye West abrió su disco más caótico con una plegaria gospel: "Ultralight Beam" es un grito de fe, miedo y súplica de protección disfrazado de canción de estadio, y su verdadero corazón no es Kanye, sino la voz desconocida de una joven llamada Chance the Rapper y una plegaria improvisada por Instagram.
Listen elsewhere

We couldn't link a Spotify track for this story. Try searching the title on song.link to find it on your preferred service.

Un rezo antes que un disco

Lo primero que sorprende de "Ultralight Beam" es lo poco que suena a lo que uno espera de Kanye West. No hay arrogancia, no hay beat que golpea, no hay presunción. Lo que hay es un órgano que respira despacio, la voz de una niña de cuatro años diciendo que quiere hablar con Dios, y un coro que se levanta como si estuviéramos en una iglesia bautista del sur de Chicago un domingo por la mañana. En lugar de abrir su álbum con un puñetazo, Kanye eligió abrirlo con las manos juntas.

Esa es la gran paradoja de la canción. En 2016, Kanye era el artista más ruidoso del planeta, un hombre que peleaba en Twitter, que interrumpía premios, que se declaraba genio sin pedir permiso. Y sin embargo, la pieza que decidió poner primero en su séptimo disco, The Life of Pablo, es esencialmente un canto religioso, una súplica temblorosa donde pide una cosa muy sencilla y muy humana: protección. Protección para él, para su familia, para sus miedos. La canción no presume nada. Ruega.

De un video de Instagram a la iglesia entera

La historia del origen de "Ultralight Beam" es casi tan buena como la canción. Según se ha contado muchas veces, todo empezó cuando Kanye vio un video en Instagram de una madre, Natalie Green, rezando junto a su hijo pequeño, Samuel. La voz del niño, espontánea y sin miedo, hablando directamente con Dios, se quedó grabada en la cabeza de Kanye. Pidió permiso para usar esa grabación, y ese pequeño clip casero terminó abriendo uno de los discos más comentados de la década. Un momento privado, doméstico, convertido en el umbral de entrada a todo el álbum.

Se dice que la canción se construyó de forma febril, casi en tiempo real, en las últimas horas antes de que The Life of Pablo se presentara en el Madison Square Garden en febrero de 2016. Kanye reunió a un pequeño ejército de colaboradores: la cantante Kelly Price, la leyenda del gospel Kirk Franklin, el soul de The-Dream, y un joven de Chicago que en ese momento no tenía ni contrato discográfico: Chance the Rapper. El proceso fue caótico, obsesivo, hecho de decenas de versiones. Kanye es conocido por reescribir sus discos hasta el último segundo, y esta canción es el ejemplo perfecto de esa manera de trabajar: nunca terminada, siempre viva.

Para el oyente de México y de toda América Latina, hay algo aquí que resulta profundamente familiar, aunque venga envuelto en inglés y en gospel afroamericano. La idea de mezclar la fe con la vida cotidiana, de rezar en voz alta sin vergüenza, de convertir el dolor en canto colectivo, no es ajena a nuestra cultura. Quien haya crecido escuchando a una abuela rezar el rosario, quien conozca el fervor de una peregrinación a la Basílica de Guadalupe, o quien haya sentido el peso emocional de una banda tocando en un funeral, entiende de inmediato lo que Kanye está buscando: ese instante en que la música deja de ser entretenimiento y se vuelve una forma de pedir ayuda al cielo. El góspel estadounidense y la devoción popular latinoamericana beben, al final, de la misma fuente humana.

Lo que la canción realmente dice

Sin citar ni una línea, se puede describir con claridad de qué habla "Ultralight Beam". La imagen central es la de un rayo de luz, ese "haz ultraligero" del título, entendido como una señal divina, una gracia que desciende. Kanye se coloca en la posición de alguien que camina en la oscuridad y pide que esa luz lo guíe. No presume de tenerla; la persigue, la implora.

En su parte, Kanye habla desde la fragilidad. Reconoce que tiene miedo, que está rodeado de fuerzas que no controla, que necesita algo más grande que él para sostenerse. Es un hombre poderoso admitiendo que el poder no basta. Kelly Price y el coro amplifican ese sentimiento con una intensidad que roza el desgarro, transformando la súplica personal en un clamor comunitario, como si toda una congregación rezara con él.

Pero el momento que realmente convirtió esta canción en leyenda llega hacia el final, cuando entra Chance the Rapper. Su verso es una explosión de fe juvenil, de gratitud y de ambición espiritual. Chance no habla de dinero ni de fama en el sentido vacío; habla de bendiciones, de su hija, de la sensación de que algo lo protege, de la libertad de no deberle nada a nadie porque su recompensa viene de arriba. Es un verso tan luminoso, tan cargado de energía y convicción, que muchos aficionados coinciden en que Chance, un artista aún casi desconocido para el gran público, le robó la canción a Kanye en su propio disco. Y lejos de molestarle, parece que eso era exactamente lo que Kanye quería: ceder el centro del escenario, dejar que la fe hablara por otra boca.

El cierre de la canción, con Kirk Franklin ofreciendo una oración por los que se sienten perdidos, por los abandonados, por los que buscan y no encuentran, sella el tono. No es una canción sobre tener respuestas. Es una canción sobre atreverse a hacer las preguntas en voz alta.

Una grieta de luz en la carrera más ruidosa

Para entender por qué "Ultralight Beam" pega tan fuerte, hay que mirar el momento en que apareció. The Life of Pablo fue uno de los lanzamientos más desordenados de la era del streaming: un disco que Kanye siguió editando y modificando incluso después de publicarlo, cambiando mezclas y añadiendo detalles como si fuera un cuadro que nunca se termina de pintar. En medio de ese caos, "Ultralight Beam" funciona como un ancla, como el único punto de quietud y claridad.

También marcó un antes y un después en la relación de Kanye con la música religiosa. Años más tarde, el artista se volcaría de lleno en el góspel con su proyecto Jesus Is King y sus servicios dominicales conocidos como Sunday Service, donde reunía coros enormes para reinterpretar sus canciones en clave espiritual. Visto en retrospectiva, "Ultralight Beam" es la semilla de todo eso: el primer momento en que Kanye dejó ver, sin ironía, que la fe iba a ser el eje de su siguiente etapa creativa. Reportedamente, muchos de quienes trabajaron con él en esa época señalan que la canción fue un punto de inflexión personal, no solo artístico.

Y luego está el efecto Chance the Rapper. Su aparición aquí funcionó como una carta de presentación al mundo entero. Poco después, Chance lanzaría Coloring Book, un disco independiente, sin sello discográfico tradicional, que ganaría un Grammy y demostraría que se podía triunfar por fuera del sistema. "Ultralight Beam" fue la rampa de lanzamiento de esa historia. Kanye, con toda su fama de egocéntrico, hizo aquí algo generoso: le regaló a un talento joven la vitrina más grande posible.

Por qué sigue resonando

Casi una década después, "Ultralight Beam" no envejece porque no depende de una moda ni de un sonido de época. Su materia prima es eterna: el miedo, la esperanza y la necesidad de creer en algo más grande que uno mismo. En un mundo cada vez más ruidoso, cínico y acelerado, la canción ofrece exactamente lo contrario: un espacio para bajar la guardia, para admitir que estamos asustados, para pedir ayuda sin dar explicaciones.

Hay algo profundamente actual en escuchar a una de las figuras más controvertidas de la cultura pop mostrarse vulnerable. Kanye West ha sido, a lo largo de los años, motivo de admiración y también de enorme polémica; muchos oyentes hoy tienen sentimientos encontrados sobre él como persona pública. Y sin embargo, la canción sobrevive a todo eso, porque no habla de Kanye el personaje, sino de la condición humana que compartimos todos: la de quien busca luz en la oscuridad.

Para el oyente latinoamericano, que conoce bien el arte de convertir el sufrimiento en canto —desde el bolero que llora un amor hasta la ranchera que grita la pena, desde la música de banda en un velorio hasta el himno que se canta en una procesión—, "Ultralight Beam" no necesita traducción emocional. Se entiende con el cuerpo. Es una plegaria pop, y las plegarias no tienen fronteras. Por eso, cuando el coro se levanta en esos últimos minutos, uno no necesita saber inglés para sentir que está pidiendo, junto a Kanye, un poco de esa luz.


Cómo profundizar más

🎧 Sumérgete en el sonido

📚 Sigue la historia

🌍 Visita los lugares

🎸 Vívelo tú mismo


🎵 Escucha esta canción

🤖 Pregunta más
Tags
10s