SONGFABLE · 1993

That's the Way Love Goes

JANET JACKSON · 1993

TL;DR: Lo que suena como una canción de seducción suave y relajada es en realidad la declaración de independencia de Janet Jackson: el momento en que dejó de ser "la hermana menor de Michael" para convertirse en una mujer adulta dueña de su propia sensualidad y de su propia carrera.
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El susurro que cambió todo

Hay canciones que gritan y hay canciones que susurran. "That's the Way Love Goes" pertenece a la segunda categoría, y precisamente por eso fue tan revolucionaria. En 1993, lo esperable de un primer sencillo lanzado para presentar un álbum nuevo era un golpe contundente, algo grande, brillante y lleno de energía. Janet Jackson hizo exactamente lo contrario. Eligió abrir su disco janet. con un tema lento, cálido, casi perezoso, construido sobre un groove hipnótico que no tiene prisa por llegar a ningún lado. Y funcionó de una manera que casi nadie predijo: se quedó ocho semanas en el número uno de Estados Unidos y se convirtió en uno de los grandes éxitos de toda su carrera.

La verdad sorprendente detrás de la canción es que su tranquilidad es una forma de poder. En lugar de perseguir al oyente, Janet lo invita a acercarse. El mensaje sensual no se impone, se ofrece. Y ese cambio de actitud —de la chica que pide permiso a la mujer que toma decisiones— es el corazón secreto del tema. La suavidad no es debilidad aquí. Es control absoluto.

De "la hermana de Michael" a Janet, a secas

Para entender lo que significaba esta canción hay que entender de dónde venía Janet Jackson. Nació dentro de la familia musical más famosa del planeta, la menor de los Jackson, y durante años cargó con la sombra gigantesca de su hermano Michael y del clan entero. Sus primeros discos la presentaban casi como una extensión del proyecto familiar. Todo cambió con Control (1986) y luego con Rhythm Nation 1814 (1989), donde, de la mano de los productores Jimmy Jam y Terry Lewis, empezó a construir una identidad propia: disciplinada, social, combativa.

Pero janet., lanzado en mayo de 1993, fue otra cosa. Fue el disco en el que se quitó incluso el apellido. La portada del álbum lleva solo su nombre de pila con un punto, janet., como diciendo: ya no necesito explicar de qué familia vengo. En ese disco Janet decidió hablar de deseo, de placer, de intimidad, de su propio cuerpo, sin pedirle disculpas a nadie. Reportadamente firmó por aquel entonces uno de los contratos discográficos más cuantiosos de la historia hasta ese momento, lo que reforzaba la idea de que ya jugaba en su propia liga.

"That's the Way Love Goes" fue, otra vez, fruto de su sociedad creativa con Jimmy Jam y Terry Lewis, el trío que define gran parte del sonido de Janet. Se dice que la base musical surgió de jugar con un sample del clásico funk "Papa Don't Take No Mess" de James Brown, y que esa textura cálida y golpeada de los años setenta es la que le da al tema su carácter íntimo y nocturno.

Para el público mexicano y latinoamericano, hay un puente cultural curioso aquí. En la primera mitad de los noventa, el R&B estadounidense más suave —el llamado "quiet storm"— encontró eco natural en una región que ya tenía una larga tradición de baladas románticas, boleros y "música para enamorados" en la radio nocturna. La sensibilidad de un tema como este, hecho para escuchar en voz baja y a media luz, conectaba con esa misma costumbre latinoamericana de poner una canción lenta para hablar de amor sin decirlo todo. Janet llegó a México y a la región como una de las grandes divas del pop afroamericano, y este tema fue una de las puertas de entrada.

Lo que de verdad está diciendo

Si uno se detiene a escuchar con atención, la letra no trata de un drama amoroso ni de una ruptura ni de una conquista difícil. Trata de algo mucho más sencillo y, a la vez, más maduro: una invitación a relajarse y a entregarse al momento. La voz que canta le dice a la otra persona que no hay nada que temer, que se quede, que se acerque, que el amor —cuando es bueno— simplemente fluye así, sin forcejeos.

Esa es la clave que da título a toda la canción. La frase que se repite funciona como un encogimiento de hombros tierno y seguro: el amor es de esta manera, no hay que pelear con él ni interrogarlo, hay que dejarse llevar. Es la actitud de alguien que ya pasó la etapa de la ansiedad romántica y llegó a la confianza. No hay desesperación, no hay celos, no hay miedo al abandono. Hay calma, deseo y una certeza serena.

Lo notable es cómo Janet logra transmitir sensualidad sin caer en lo vulgar. La interpretación es contenida, casi en un murmullo, jugando con los silencios tanto como con las palabras. Esa decisión vocal es deliberada: la cercanía se construye precisamente al bajar el volumen, al obligar al oyente a inclinarse para escuchar mejor. Es la diferencia entre alguien que te grita un piropo en la calle y alguien que te dice algo al oído. La canción entera está construida sobre esa segunda sensación.

Y debajo de la seducción late ese tema más profundo que mencionábamos: la autonomía. Janet no canta como quien espera ser elegida, sino como quien elige. Era una imagen poderosa de la feminidad para el pop de comienzos de los noventa, especialmente viniendo de una artista que durante años había sido vista a través del filtro de su familia. Aquí, finalmente, el deseo le pertenece a ella.

El momento cultural y el legado

janet. y este sencillo aterrizaron en un instante muy particular de la cultura pop. El videoclip, dirigido por René Elizondo Jr. —reportadamente pareja secreta de Janet en aquel entonces—, mostraba a la cantante rodeada de amigos en un ambiente relajado, casi como una reunión privada a la que el espectador es invitado a espiar. Esa estética de intimidad cómplice marcó tendencia. Además, el video presentó al público a una jovencísima Jennifer Lopez como una de las bailarinas, años antes de que ella misma se convirtiera en superestrella, un detalle que con el tiempo se volvió una de esas trivias deliciosas de la historia del pop.

La canción ganó el Grammy a la Mejor Canción de R&B, un reconocimiento que validaba la apuesta artística. Pero más allá de los premios, lo que dejó fue un molde. Buena parte del R&B sensual y minimalista que vendría después —toda esa corriente de música hecha para la madrugada, de ritmos lentos y voces susurradas— le debe algo a la manera en que Janet demostró que un éxito masivo no necesita ser estridente. Artistas posteriores de R&B y pop alternativo, incluso décadas más tarde, han recogido esa misma lección de que la contención puede ser más seductora que la exhibición.

En América Latina, el tema se volvió un fijo de las pistas de baile lento y de las radios románticas en inglés, ese segmento que en muchas ciudades acompañaba las noches de los noventa. Para muchos oyentes de la región, Janet Jackson dejó de ser solo "la del Rhythm Nation con la coreografía militar" y pasó a ser también la voz cálida de las noches de amor. Ese doble registro —la activista disciplinada y la amante serena— es parte de por qué su figura envejeció tan bien.

Por qué sigue resonando hoy

Hay algo profundamente actual en la propuesta de "That's the Way Love Goes" más de tres décadas después. En una época saturada de estímulos, de canciones que compiten por captar la atención en los primeros tres segundos, una pieza que apuesta por la calma y la paciencia se siente casi subversiva. El tema no busca impresionar; busca acompañar. Y esa cualidad la vuelve eterna: funciona igual de bien hoy en una lista de reproducción de fin de semana que en 1993 sonando en la radio nocturna.

También sigue vigente su mensaje emocional. La idea de que el buen amor no se pelea, no se interroga obsesivamente, sino que se disfruta, es un antídoto contra mucha de la ansiedad romántica que circula en la cultura actual. Frente a tanta narrativa de relaciones complicadas y dramas, Janet ofrece otra cosa: la serenidad de quien confía. Es una forma de madurez emocional que no pasa de moda.

Y luego está la dimensión de empoderamiento, que cada nueva generación redescubre. Una mujer que se apropia de su deseo y lo expresa en sus propios términos, sin pedir permiso, sigue siendo una imagen poderosa. Janet lo hizo en clave de murmullo, no de grito, demostrando que la fuerza no siempre necesita levantar la voz. Por eso la canción no solo se escucha bien: todavía dice algo. Sigue siendo, en el fondo, la historia de alguien que descubrió que el control de verdad empieza por la calma.


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