Take On Me
Pocas canciones tienen un comienzo tan reconocible que basta con tararear ocho notas para que medio planeta complete la melodía. El riff de sintetizador de "Take On Me" funciona como una contraseña generacional: lo escuchan adolescentes nacidos cuatro décadas después del lanzamiento original y, sin saber muy bien por qué, sonríen. Esa melodía —una cascada de notas que parecen subir escaleras de dos en dos— es uno de los hooks más eficientes de la historia del pop. Pero como ocurre con casi todas las cosas que parecen inevitables, "Take On Me" estuvo a punto de no existir varias veces.
El sonido de un sintetizador que se negaba a morir
La historia comienza en Oslo a finales de los años setenta. Pål Waaktaar y Magne Furuholmen eran adolescentes obsesionados con The Doors, Uriah Heep y el rock progresivo. Tocaban juntos en una banda llamada Bridges, autoeditaban discos que casi nadie compraba y tenían la convicción —compartida en silencio entre los dos— de que Noruega era demasiado pequeña para lo que querían lograr. En aquel momento, Noruega no había producido ni un solo éxito pop internacional. La industria musical noruega exportaba bacalao seco, no estrellas.
Fue precisamente Magne quien, según cuenta la leyenda, escribió la secuencia melódica que se convertiría en el riff central de "Take On Me" cuando todavía era un adolescente. La grabó en un cassette y la archivó. Durante años, esa melodía dormitó en cajones, ensayos y maquetas, esperando una canción que la mereciera.
En 1982, Pål y Magne se mudaron a Londres con su amigo y vocalista Morten Harket. No tenían contrato, ni dinero, ni plan B. Vivían apretados en pequeños cuartos del oeste londinense, comían fideos instantáneos y trabajaban día y noche en demos. Fue ahí donde la melodía del cassette finalmente encontró su forma. La canción se llamaba "Lesson One" en su primera encarnación, luego "The Juicy Fruit Song", y solo después se transformó en "Take On Me".
La firmaron con Warner Bros. en 1984 y lanzaron la primera versión. Fracasó. La regrabaron con un nuevo productor, Alan Tarney, quien había trabajado con Cliff Richard. Esa segunda versión —más limpia, más brillante, más comercial— también fracasó. Pudo haber sido el final de la historia. La mayoría de los sellos discográficos habrían declarado al grupo "no viable" y los habrían enviado de vuelta a Oslo.
Pero Warner hizo algo inesperado: apostó por un video.
Lápiz, papel y la animación que cambió MTV
El video de "Take On Me" —dirigido por Steve Barron, con la dirección de animación de Michael Patterson y Candace Reckinger— combinaba imagen real y rotoscopia, una técnica donde se dibuja cuadro por cuadro encima del metraje filmado. Cada uno de los aproximadamente 3,000 dibujos fue hecho a mano. La producción tomó dieciséis semanas. La historia —una chica leyendo un cómic en un café que es succionada hacia el dibujo donde el protagonista la espera— era una metáfora visual de la canción: alguien atreviéndose a cruzar al otro lado.
MTV puso el video en rotación intensiva. La tercera versión de la canción, idéntica a la segunda, empezó a escalar listas. Llegó al número uno en Estados Unidos en octubre de 1985. Ganó seis premios MTV Video Music Awards en 1986, incluyendo Mejor Video Nuevo y Video Más Experimental. Lo que dos lanzamientos de audio no habían logrado, lo consiguió un dibujo animado a lápiz.
Esta es quizás la lección más profunda escondida en la historia de "Take On Me": una gran canción puede necesitar varias vidas, varios formatos y varios intentos antes de encontrar su audiencia. La obstinación —no el talento solo, sino la negativa a aceptar el primer veredicto del mundo— es parte esencial de la fórmula.
¿De qué habla realmente la canción?
La letra de "Take On Me", escrita principalmente por Pål Waaktaar, es deliberadamente ambigua. Habla de alguien que pide a otra persona que se arriesgue, que dé el salto, que confíe sin garantías. No es estrictamente una canción de amor: es una canción sobre la vulnerabilidad de pedir, sobre el miedo a ser rechazado y el coraje de pedir de todos modos.
Las imágenes que evoca —sin citar versos directos— giran en torno a la fugacidad del tiempo, la sensación de que la vida es corta y que la oportunidad de conectar con alguien no se va a repetir. Hay una urgencia casi existencial debajo del brillo del sintetizador. Por eso la canción funciona tan bien con el video: el chico animado que tiende la mano a la chica real es, literalmente, alguien atreviéndose a cruzar una frontera imposible.
En entrevistas posteriores, los miembros de a-ha han descrito la canción como un reflejo de su propio momento vital: tres jóvenes noruegos en Londres pidiéndole al mundo que se atreviera con ellos, que les diera la oportunidad de existir musicalmente. La letra y la biografía se fusionan. Es difícil escuchar la canción sabiendo esto y no oír, debajo del pop sintético, la voz de tres personas pidiendo permiso para soñar en grande.
El falsete de Morten Harket en el estribillo —ese salto vocal casi imposible que muchos cantantes evitan en karaokes hasta hoy— es la firma sonora de esa súplica. No es un grito de victoria: es un acto de fe.
El contexto hispanohablante: cuando Europa del Norte llegó a Latinoamérica
Para el público latinoamericano y español, "Take On Me" llegó en un momento muy particular. A mediados de los ochenta, el rock en español estaba en plena erupción. Soda Stereo había lanzado su primer álbum en 1984. Caifanes se estaba formando en Ciudad de México. Héroes del Silencio empezaba a tocar en Zaragoza. La estética synth-pop europea —Depeche Mode, New Order, OMD, y por supuesto a-ha— era el aire que respiraban miles de jóvenes que pronto formarían bandas propias.
En México, los videos de a-ha rotaban en Canal 5 y en los primeros programas que copiaban el formato MTV. En Argentina, "Take On Me" sonaba en Buenos Aires entre la salida de la dictadura y el florecimiento del rock nacional. En Colombia, antes de que Rock al Parque existiera como festival, los adolescentes de Bogotá y Medellín grababan la canción de la radio en cassettes que se pasaban de mano en mano. En España, MTV Europa la convirtió en banda sonora de una generación que crecía con la movida madrileña a sus espaldas y la cultura europea entrando por la puerta.
La conexión es más profunda de lo que parece. El rock latinoamericano de los noventa —Maná, Café Tacvba, Soda Stereo en su etapa Canción Animal, El Tri en sus momentos más pop— heredó del synth-pop europeo una idea fundamental: que el sentimentalismo no estaba reñido con la sofisticación sonora. Que se podía hacer una canción sobre el amor adolescente con producción minuciosa y arreglos ambiciosos. "Take On Me" fue uno de los manuales de instrucciones invisibles.
Hay anécdotas particularmente bellas: a-ha tocó en el Festival Internacional Cervantino y volvió varias veces a Latinoamérica. En 1991 tocaron en el Estadio Maracaná de Río con récord de asistencia. La fidelidad del público latinoamericano a la banda ha sido constante, incluso cuando en mercados anglosajones desaparecieron de la conversación pop. El Auditorio Nacional de Ciudad de México y el Luna Park de Buenos Aires han sido testigos de generaciones cantando juntas el estribillo, padres con hijos, separados por treinta años de diferencia pero unidos por el mismo falsete.
Por qué la canción sigue viva en 2026
Hay canciones que envejecen y canciones que mutan. "Take On Me" pertenece a la segunda categoría. Cada cinco o diez años, alguna nueva generación la redescubre por un camino distinto: la película Deadpool 2 la usó en una secuencia memorable; la serie La Casa de Papel la incluyó en un momento clave; videos de TikTok la han remixado en versiones de bedroom pop, jazz lounge, hyperpop y reggaeton. En 2017, el propio Morten Harket grabó una versión acústica unplugged que tiene más de 500 millones de reproducciones en YouTube. La canción se niega a morir.
Parte de su persistencia tiene que ver con su arquitectura matemática: el hook es objetivamente eficiente, la progresión armónica es satisfactoria sin ser obvia, y el contraste entre las estrofas oscuras y el estribillo luminoso reproduce una de las estructuras emocionales más antiguas del arte —el descenso seguido del ascenso, el miedo seguido del coraje.
Pero hay algo más. En una época saturada de cinismo, donde la cultura pop tiende a la ironía protectora, "Take On Me" es desarmantemente sincera. Pide. Sin disfraz, sin distancia irónica, sin sarcasmo. Alguien le dice a otra persona: arriésgate conmigo. Es una posición vulnerable que se ha vuelto rara. Quizás por eso resuena con tanta fuerza en una generación que creció comunicándose por pantallas y que tiene hambre de gestos directos.
En Latinoamérica, donde la cultura emocional sigue priorizando el corazón sobre la coraza, esta sinceridad se traduce sin pérdidas. La canción se siente menos como una reliquia ochentera y más como un recordatorio: atreverse sigue siendo un acto político en cualquier idioma.
How to dive deeper
🎧 Para los oídos
- Hunting High and Low (1985) — el álbum debut completo de a-ha, donde la canción vive en su contexto original. Otros temas como "The Sun Always Shines on T.V." y la canción que da nombre al álbum son joyas igualmente potentes. Buscar en Amazon México
- MTV Unplugged: Summer Solstice (2017) — la versión acústica grabada en las Islas Lofoten de Noruega, con arreglos que revelan la profundidad de canciones que muchos creían superficiales. Buscar en Amazon México
- Soda Stereo: Signos (1986) — para entender qué pasaba en español mientras a-ha conquistaba MTV. La influencia del synth-pop europeo se siente claramente. Buscar en Amazon México
📚 Para leer
- The Swing of Things: An a-ha Story de Jan Omdahl — biografía exhaustiva de la banda, con detalles sobre los años de hambre en Londres y la gestación de la canción. Buscar en Amazon México
- I Want My MTV: The Uncensored Story of the Music Video Revolution de Rob Tannenbaum y Craig Marks — historia oral imprescindible del momento exacto en que el video transformó la industria musical. Buscar en Amazon México
- Yes Yes Y'all: The Experience Music Project Oral History of Hip-Hop's First Decade — para contexto sobre cómo se cruzaban los géneros en los ochenta y por qué el pop sintético dominó. Buscar en Amazon México
🌍 Para vivirlo
- Auditorio Nacional, Ciudad de México — a-ha ha tocado aquí varias veces; el espacio es uno de los templos del pop en Latinoamérica. Revisar la cartelera para giras de revival ochenteras.
- Luna Park, Buenos Aires — escenario histórico donde la banda construyó su fidelidad argentina. Cualquier festival retro que pase por aquí suele incluir homenajes a la era.
- Rock al Parque, Bogotá — el festival gratuito más grande de Latinoamérica suele programar bandas tributo y artistas que reinterpretan clásicos del synth-pop. Una forma de oír "Take On Me" en clave nueva.
🎸 Para tocarla
- Tutorial del riff de teclado — el patrón principal está construido sobre una progresión sencilla en Fa# menor; basta con un teclado básico y paciencia para los saltos. Hay tutoriales en YouTube que descomponen las ocho notas mágicas.
- Versión para guitarra acústica — el cover unplugged de a-ha muestra cómo trasladar el riff sintético a cuerdas. Excelente ejercicio de arreglo. Buscar partituras en Amazon México
- Pedales y sintetizadores de los ochenta — para los aventureros: el sonido original del riff se construyó con un Roland Juno-60. Las versiones modernas se acercan con plugins gratuitos como Synth1. Buscar Roland Juno en Amazon México
Escúchala donde estés: song.link/take-on-me-a-ha
Preguntas para seguir pensando:
- ¿Qué canción de tu adolescencia funcionó como un "permiso para atreverte" y cómo cambió tus decisiones reales?
- Si "Take On Me" fracasó dos veces antes de triunfar, ¿qué dice eso sobre cuántas buenas ideas se pierden porque sus creadores se rinden en el segundo intento?
- ¿Por qué la sinceridad sin ironía —la posición emocional de esta canción— se ha vuelto tan rara en el pop contemporáneo?
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